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Mensaje del Obispo de Loja para la Cuaresma 2015

“UN CORAZÓN FUERTE Y PURO”

Hemos llegado a este día, Miércoles de Ceniza y empezamos un nuevo tiempo de Cuaresma en nuestras vidas.

Siempre me pregunto, y espero no dejar de hacerlo, qué es lo que me pide el Señor en este tiempo que me da en la vida, porque corro el riesgo, y creo que también ustedes, queridos hermanos y hermanas, de que pase este tiempo de Cuaresma como pasan los días de nuestras vidas, y que no deje huellas profundas en mi ser. Corremos el riesgo de que esta Cuaresma 2015, sea una Cuaresma más y de que no lleguemos realmente a un cambio, a una conversión en nuestras vidas.

Con el salmo 50, que repetimos en la liturgia de este día, pedimos al Señor que cree en nosotros un “corazón puro”. Hagamos nuestras las palabras del salmista diciendo: “…renuévame por dentro con espíritu firme…devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso”.

Pero, para lograr esta renovación interior, antes debemos decir también con el salmista: “…lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo, reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces”.

 Recuerdo ahora un texto que leí un día en la revista JM (Juventud Misionera) y que creo que viene bien en este momento:

“Un juez tenía la intención de liberar a un preso de la cárcel, por lo que hizo pasar uno por uno a todos los presos para entrevistarse cara a cara con él y ver así quién merecía ser liberado.

Al preguntar al primero la razón de su encarcelamiento, éste le dijo:

-Estoy aquí porque me han calumniado y acusado injustamente.

Llamó al segundo y éste contestó:

-Estoy aquí porque dicen que robé, pero es mentira.

Y así fueron pasando los presos y todos se declaraban inocentes. Hasta que llegó el último y confesó:

-Estoy aquí porque maté a un hombre. Hirió a mi familia y perdí el control. Por eso lo maté. Hoy me doy cuenta de que hice mal y estoy muy arrepentido.

El juez se levantó y dijo:

-Voy a liberar a este último preso.

Todos se quedaron perplejos y dijeron:

-Pero, ¿por qué lo vas a liberar a él?

El juez contestó:

-El castigo es para los que esconden sus faltas. La misericordia para los que las reconocen y se arrepienten”

Sí, queridos hermanos, hay que reconocer la culpa, el pecado, la realidad débil de nuestras vidas. Quizás sean muchos nuestros pecados, y yo me reconozco en primer lugar como pecador, pero no podemos perder nunca nuestra confianza en un Dios que tiene un corazón grande y misericordioso.

“Fortalezcan sus corazones” (St 5,8) titula el Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2015 y en el mismo, el Papa nos recuerda que la Cuaresma es un “tiempo de gracia” (2 Co 6,2) para cada uno de nosotros. Además, en forma clara, nos dice que Dios “no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede”

Pero, ¿cómo amamos nosotros? ¿cómo es nuestro corazón?. Con Francisco, puedo afirmar que a veces podemos caer en una actitud de indiferencia frente a los demás, pero, estamos invitados a vencer el gran mal de la “globalización de la indiferencia”

 En el punto tres de su carta, el Papa Francisco afirma que “como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?”

 Se nos señala en el Mensaje, varias opciones concretas, que hago mías y las asumo a nivel de la Diócesis.

  1. Orar en la comunión de la Iglesia: tenemos que unirnos en oración, es la fortaleza que sostiene nuestra vida de cristianos. Por tanto, motivo a todos en la Diócesis a hacer realidad la iniciativa “24 horas para el Señor” en los días 13 y 14 de marzo. Que en cada una de las parroquias de la Diócesis se organice y se motive para orar de manera especial en los días señalados. Que estén abiertos los templos esas 24 horas y todos, sacerdotes, religiosos, religiosas, movimientos eclesiales y laicos en general tengan un protagonismo. Pediré a los Departamentos de Liturgia y Familia que preparen un esquema para dicha jornada de oración.

Además, sería importante en esta Cuaresma resaltar el rezo del Viacrucis, en todas las parroquias, todos los viernes de este tiempo fuerte de la Iglesia. Algunos de ellos pueden hacerse en forma visible, saliendo del templo y motivando la participación de muchas personas de la parroquia.

  1. Gestos de caridad: El Papa nos habla de “gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas”. Sabemos, como lo dice el Papa, que la Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro. No podemos quedarnos solamente en la colecta de un domingo, es importante “mover nuestros corazones” para hacer nuestro el dolor y el sufrimiento del más necesitado. Tanto a nivel personal como a nivel parroquial, pueden verse diversas iniciativas, pero que las mismas sean verdaderos signos solidarios fruto de una renuncia y sacrificio personal. Como decía la Beata Teresa de Calcuta, “debemos dar hasta que duela”.
  2. Formar el corazón: Puede ser este uno de los pasos que más esfuerzo y trabajo personal nos puede significar. Como que se nos ha endurecido el corazón frente al hermano. Francisco nos recuerda en su Mensaje que “tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios”.

Pidamos ese corazón misericordioso, ese corazón que se deje impregnar del Espíritu de Dios y caminar por los caminos del amor que llevan al hermano y hermana con rostro concreto. Necesitamos, “en definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro”.

Y desde este corazón misericordioso que se abre al hermano, propongo como “ayuno” en esta Cuaresma 2015, el dejar a un lado todo chisme, murmuración, celo, envidia y calumnia contra el hermano que está a nuestro lado. Sepamos construir fraternidad y no destruir al hermano.

Pidamos al Señor, como nos sugiere Francisco, tener un corazón semejante al de Cristo. Sí, que sea Cristo quien nos dé un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deja encerrar en sí mismo y que no caiga en el vértigo de la indiferencia.

Termino esta carta, escrita en forma sencilla pero con un mensaje que quiero lo hagan vida, con esfuerzo indudablemente, pero con una confianza plena en el Señor que es quien mueve nuestros corazones y nos da la fortaleza necesaria para lograr nuestra conversión personal.

Traigo al final un material que encontré el otro día revisando mis papeles y que se titula “Lo fácil y lo difícil”, del cual voy a extraer algunas reflexiones para compartirlas con ustedes, añadiendo otras de mi propia cosecha:

“Fácil es ocupar un lugar en una agenda telefónica. Difícil es ocupar el corazón de alguien.

Fácil es herir a quien nos ama. Difícil es curar esa herida.

Fácil es soñar todas las noches. Difícil es luchar por un sueño.

Fácil es exhibir la victoria. Difícil es asumir la derrota con dignidad.

Fácil es saber que estás rodeado por personas queridas. Difícil es saber eso y no sentirse solo.

Fácil es tropezar en una piedra. Difícil es levantarse.

Fácil es cometer errores. Difícil es aprender de ellos.

Fácil es pensar en mejorar. Difícil es dejar de pensarlo y ponerse a hacerlo.

Fácil es decir que amamos. Difícil es demostrarlo todos los días.

Fácil es disfrutar la vida todos los días. Difícil es darle el verdadero valor.”

Sí, queridos hermanos, siempre estamos en esa lucha entre lo fácil y lo difícil, por eso les digo:

Fácil es hablar del otro desde nuestra mirada. Difícil es llegar a conocer y valorar en verdad la riqueza del hermano que está a nuestro lado.

Fácil es sentir celos y envidia de la otra persona. Difícil es reconocer sus cualidades.

Fácil es murmurar y criticar destruyendo una vida, una honra y una fama. Difícil es hablar siempre con la verdad y reconstruir lo que hemos destruido.

Fácil es decir que deben cambiar los otros. Difícil es primero cambiar uno mismo.

Fácil es hablar del corazón. Difícil es tener un corazón misericordioso atento a las necesidades del que sufre.

Fácil es ponerse hoy una ceniza en la frente. Difícil es iniciar un camino de conversión.

Fácil ha sido escribir esta carta. Difícil será ser el primero en asumir una actitud nueva en mi vida.

Que el Dios de la Vida les acompañe a vivir en forma provechosa todo este itinerario de Cuaresma. Cuenten con mis oraciones así como yo cuento con las de ustedes. No dejen de orar por mí para que pueda ser ese Pastor con corazón misericordioso cercano a todos.

Que el Señor los bendiga y la Virgen de El Cisne los cobije bajo su manto.

+ Mons. Alfredo José Espinoza Mateus, sdb

Loja, 11 de febrero de 2015