Los párrocos del mundo, y con ellos todos los sacerdotes, celebran hoy la fiesta de su Patrono, san Juan María Vianney, más conocido como el santo Cura de Ars de quien hoy se cumple el 150º aniversario de su fallecimiento; razón por la cual el Santo Padre Benedicto XVI ha decretado un especial Año Sacerdotal. Además de las diversas celebraciones que tendrán por este especial motivo, los sacerdotes y fieles están invitados, por disposición del Pontífice, a lucrar la indulgencia plenaria siguiendo los requisitos correspondientes. El Papa durante el Ángelus del pasado domingo, adelantó que dedicará su catequesis de mañana miércoles a la figura de san Juan Maria Vianney: este humilde párroco que constituye un “modelo de vida sacerdotal tanto para los párrocos como para los demás sacerdotes”. Esta mañana en la Diócesis francesa de Belley-Ars, en el Santuario de Ars, ha sido presidida una misa solemne por el cardenal brasileño Cláudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero. En la tarde de este martes se llevará a cabo una procesión con la reliquia del corazón de san Juan Maria Vianney, tras la celebración de las Vísperas solemnes, en la misma Basílica de Ars.El cardenal Hummes ha enviado precisamente hoy una carta a todos los sacerdotes en la que pone de relieve que la actual cultura occidental dominante, “cada vez más difundida en el mundo a través de los medios globalizados y la movilidad humana”, presenta ”nuevos desafíos altamente comprometedores en el campo de la evangelización”. Se trata de una cultura profundamente acentuada por un relativismo, que rechaza toda afirmación sobre cualquier verdad absoluta y trascendente y, por eso, “destroza también los fundamentos de la moral y se cierra a cualquier religión”. De esa manera se pierde la pasión por la verdad, que se reduce a una “pasión inútil”. El prefecto de la Congregación para el Clero, ha subrayado que es necesario reconocer que la actual cultura dominante, posmoderna, “conlleva un grande y verdadero progreso científico y tecnológico, que llena de estupor al ser humano, sobre todo, a los jóvenes”. Pero el uso de este progreso no tiene siempre, como motivo principal, el bien del hombre y de todos los hombres. ”Le falta un humanismo integral, que sería el que podría darle su verdadero sentido y finalidad”. “Podríamos hablar -dijo Hummes- de otros aspectos de esta cultura: consumismo, libertinaje, cultura del espectáculo y del cuerpo. Es evidente que todo eso produce un laicismo que no quiere la religión y hace todo lo que puede para debilitarla o, al menos, la deja sólo en el ámbito privado de las personas”.El arzobispo emérito de San Pablo observó luego que producto de esta cultura es la “descristianización”, tal vez demasiado visible, en la mayoría de los países cristianos y, especialmente, en aquellos de Occidente. Ha bajado el número de vocaciones sacerdotales, disminuido también el número de los presbíteros, sea por falta de vocaciones o por el influjo cultural en el que viven, constató. “Todo esto –ha explicado- podría conducir a la tentación de un pesimismo descorazonador, que condena al mundo actual y que nos induciría a retirarnos en la trincheras de la resistencia”. Nosotros pastores, ha dicho el cardenal Hummes a sus hermanos en el sacerdocio, “hoy somos llamados, con gran urgencia, a realizar la misión, sea ad gentes, sea en las regiones de países cristianos en los que tantísimos bautizados se han alejado al no participar en nuestras comunidades o, quizás, han perdido la fe”. “No podemos tener miedo o quedarnos inmóviles dentro de nuestra casa” ha exclamado señalando que “no esparciremos la semilla de la Palabra de Dios sólo desde la ventana de nuestra casa parroquial, sino que iremos al campo abierto de nuestra sociedad, comenzando por los más pobres, llegando a todos los niveles e instituciones de la sociedad”. “Nuestro pueblo quiere sentir la proximidad de su Iglesia”, ha finalizado invitando a ir hacia la sociedad actual, “con gozo y entusiasmo, seguros de la presencia del Señor en medio de nosotros y convencidos de que será Él quien llamará a las puertas de los corazones de aquellos a quienes hablaremos de Él”.

La vida de San Juan María Vianney se caracterizó por una entrega constante de amor, sacrificio, penitencia y oración; centrada totalmente en la Eucaristía y en el servicio dedicado a los fieles en el sacramento de la Reconciliación. También hoy los católicos del mundo le piden de manera especial, por cada uno de los sacerdotes de la Iglesia para que pueden ver en él a un modelo de presbítero entregado por su grey.