Mayo, mes de María. – Santuario de Nuestra Señora del Cisne

Con el  primero de mayo: día del trabajo, hemos iniciado con alegría este mes consagrado a la devoción a la Santísima Virgen María, devoción que nos hace sentir como niños pequeños junto a mamá, la tradición cristiana nos ha transmitido esta enseñanza tan sencilla y a la vez tan grande, de que todos los sábados del año son dedicados a María, y también todo el mes de mayo.

¿Desde cuándo se recibe esta tradición? La historia se remonta al s. XIII, cuando el rey de España Alfonso X el sabio, invita a rogar a María en una de intervenciones poéticas a la que le puso por título: bienvenido mayo; En el siglo siguiente, los joyeros de París llevaban a la Virgen un mayo, es decir, una rama adornada con brillantes cintas. En el siglo XVI esta devoción se extiende por Alemania e Italia, y aparece un escrito titulado “mayo espiritual”, donde hay unos primeros rasgos de esta devoción, San Felipe Neri, incansable predicador, decía a los jóvenes alemanes, “veneren a María durante el mes de mayo”. En el s. XVIII ésta devoción se extiende en Estados Unidos y Latino América y hasta en la china. Los primeros papas que la recomendaron fueron: Pío VII y Pío IX, siglo XIX y XX.

¿Mayo, mes de las flores? Sí, esto es cierto, que el mes de mayo es el mes de las flores, estas, siempre han sido un elemento importante en la decoración y belleza de los arreglos en los altares de los templos católicos, y así suena esta expresión: las flores para María. Esto quiere decir que los que aman a Dios, han de amar también a María, y llevarle flores es un gesto y expresión que simboliza el amor que le tenemos, dice el texto del himno a María en este mes: “en los altares nuestros pastores, colocan flores de suave olor”, y creo que junto a las flores que no deja de ser un elemento material, hay que ofrecer a Dios por medio de María, nuestra vida, nuestro tiempo, el sacrificio, el dolor; y la relación que hay entre la Virgen María y las flores, es indiscutible, basta recordar la aparición de la Virgen de Guadalupe en el cerro Tepeyac y precisamente allí,  un ramo de flores es signo evidente de esta manifestación.

¿Es una devoción antigua? Sí, es una devoción antigua y a la vez tan nueva como el Evangelio, yo diría que es una devoción que no se marchita, como las flores, que se renuevan y cambian de aspecto, y que allí debe estar nuestra intervención, la de ofrecer a María, rosas y flores siempre nuevas, frescas. Que esta devoción crezca gracias al fervor de todos quienes hoy en día somos herederos e hijos de esta generación, donde hay y a lo mejor formamos parte de asociaciones marianas: hijas de María; discípulos de María; Lazos de amor mariano, entre otras, espacios y oportunidades para estar con María, en una actitud de amor y servicio.

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