Queridos hermanos y hermanas:

Un saludo en el Señor y mi bendición de padre a cada uno de ustedes.

“Rasguen los corazones y no las vestiduras, conviértanse al Señor, Dios suyo porque es compasivo y misericordioso…” (Joel 2, 13). Esta es la invitación que nos hace el Profeta Joel en la lectura del día de hoy, Miércoles de Ceniza.

Sí, queridos hermanos, con este Miércoles de Ceniza hemos iniciado la Cuaresma, tiempo fuerte de la Iglesia que nos conduce hasta la Pascua donde viviremos a profundidad el misterio del amor del Señor.

Este tiempo de Cuaresma nos invita al cambio y a la conversión. ¡Y vaya que eso nos cuesta!…y mucho en realidad. Es que perdemos de vista el amor misericordioso de Dios.

Debemos reconocer nuestra fragilidad, pero debemos hacerlo teniendo presente el corazón de Dios. Les invito en este tiempo de Cuaresma a mirar con profundidad la ruta de nuestra vida de cristianos. No podemos engañarnos a nosotros mismos, debemos darnos cuenta que muchas veces nuestros pasos no van por los caminos que Dios quiere. Nos desviamos de camino, nos alejamos de un Dios que nos ama y de los hermanos a los que debemos amar y nos quedamos centrados en nosotros mismos.

Miremos nuestro proyecto de vida, pero hagámoslo desde la Palabra del Señor. ¿Qué quiere Dios en mi vida? ¿A qué me invita el Señor en este tiempo de Cuaresma? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo cambiar? ¿Qué debo construir? Estas son algunas preguntas de muchas que podemos hacernos. Pero, los invito a hacérselas con sinceridad de corazón. No busquen respuestas rápidas. Mediten sus respuestas y que ellas les ayuden a renovar, releer o cambiar un proyecto que está alejándose de Dios. Que cada uno vuelva a escribir su proyecto, pero que lo haga convencido, como dice San Pablo, que “ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación” (2da Corintios 6,2)

Uno de los riesgos que podemos correr en este tiempo de Cuaresma es hacer consistir nuestra conversión en prácticas religiosas externas o un mero cumplimiento de preceptos. Muchos se quedan en la ceniza que recibirán el día de hoy o en un día de ayuno o en la abstinencia. El Señor nos pide ir más allá, para que el “Padre que está en lo escondido, nos recompense”.

Recibamos la ceniza como un signo externo de una profunda conciencia interior de que somos nada, de que somos tierra, de que somos pecadores y que debemos elevar nuestra mirada al Señor.

Les invito a hacer un ayuno diferente, que nos exigirá más y que creo, nos comprometerá más. Ayunemos y hagamos abstinencia de los malos pensamientos, de las malas palabras, las malas actitudes y las malas acciones. Será una rigurosa dieta cuaresmal, más que la de los alimentos.

¿Cuántos malos pensamientos circulan por nuestra mente? No lo sé, pero tal vez son bastantes. Pensemos en las “etiquetas” que les ponemos a los demás, las intenciones torcidas, los malos deseos para otras personas, los resentimientos largamente alimentados, la mirada nada limpia fruto de todo lo acumulado en nuestra mente, en fin, la lista puede ser muy larga y cada uno sabe lo que tiene.

Ahora, pensemos en las palabras malas y no me refiero solamente a los insultos. Podemos poner también las murmuraciones, los chismes, los comentarios “apropiados” que hacemos de los demás, los chistes subidos de tono, como también el manjar sustancioso de las críticas con el que se alimentan muchas personas, y no digamos de los duros juicios que damos de los otros. Recordemos las palabras del Papa Francisco al respecto: “…existe una alegría oscura en el chisme. Se comienza con palabras buenas, pero luego viene la murmuración. Y se empieza a despellejar al otro”

Y el ayuno de las malas acciones y malas actitudes tiene una lista extensa: ayunar de las injusticias, peleas, actitudes violentas, envidias, indiferencia, falta de solidaridad, infidelidad en nuestra vocación, ligereza en el uso del dinero, el placer por el placer… y tantas otras que cada uno conoce a la perfección.

Sin lugar a dudas, la dieta cuaresmal es rigurosa y nos exige mucho. A ella debemos acompañarla con la oración, una dosis abundante de caridad con el hermano, con los sacramentos de renovación espiritual y con buenas obras. Si todo esto hacemos, entonces la Cuaresma tendrá sentido, de lo contrario, habrá quedado entre dos signos, la ceniza y los ramos.

Para muchos, seguramente eso será lo importante, pero nosotros, que queremos vivir con mayor autenticidad nuestra vocación y nuestra vida cristiana, debemos ir a lo esencial.

Unidos en este camino cuaresmal

+ Mons. Alfredo José Espinoza Mateus,sdb

Obispo de Loja

Loja, 5 de Marzo de 2014

Señor, reconozco mi pecado.

Tú conoces mi corazón y sabes la intención de cada uno de mis actos.

Ten piedad de mí, que soy pecador.

Reconozco que he fallado y que me he apartado de Ti.

Quiero reconciliarme contigo.

¡Perdóname, Señor!

Quiero dejar mi pasado y escribir un nuevo proyecto de mi vida

Un proyecto de amor a Ti y a mis hermanos.

Hoy quiero empezar a recorrer un nuevo camino.

                                      Que esta Cuaresma vaya marcando mis pasos para encontrarme contigo. Amén