Celebra Monseñor Alfredo José Espinoza Mateus 28 años de ordenación - Santuario de Nuestra Señora del Cisne

El Obispo de Loja  celebró su vigésimo octavo aniversario de ordenación sacerdotal, este sábado 17 de diciembre, previo a ello sus compañeros sacerdotes compartieron momentos agradables en un ambiente  de alegría y amistad.

Anécdotas, experiencias buenas y malas han formado parte de su largo camino al servicio de Dios y los demás,  que se las contamos en un breve resumen de la entrevista que mantuvo con la Voz del Santuario.

1.- ¿Monseñor cuáles han sido sus mayores alegrías desde que decidió hacerse sacerdote?

Para un sacerdote la mayor alegría es celebrar la Eucaristía, el poder hacer presente a Jesús en el altar. Además de reconciliar a muchos jóvenes, al respecto uno de los momentos fuertes que tuve fue cuando , en el colegio de Riobamba donde serví por 10 años, una mañana llego una madre de familia a comunicarme que su hijo se había intentado suicidar y que en su delirio pronunciaba mi nombre. Fui inmediatamente al hospital y cuando el joven estaba consiente pudimos conversar por largo tiempo y lo reconcilié con Dios, a partir de ese momento lo acompañe en su proceso de ir viendo un sentido a la vida. Fue en el día de su graduación cuando con un fuerte abrazo pronunció “Gracias por devolverme las ganas de vivir”.

2.- ¿Qué  le agradece a Dios en su vida sacerdotal?

Le agradezco la llamada, le agradezco el que se haya fijado en mí y me llamara a este ministerio sacerdotal. La vocación es un regalo de Dios.

3.- Háblenos de un momento difícil que haya vivido en estos 28 años de ordenación

A nivel de situación externa, me tocó vivir la explosión de la Brigada de Galápagos en Riobamba, el colegio que yo presidia  quedaba frente a la brigada y estaba destruido en su mayor parte. Ese fue el momento de enfrentar la vida, de saber que Dios me pedía algo y me puse al frente de la reconstrucción, una oportunidad para trabajar unidos, maestros padres de familia y estudiantes, logramos reconstruir el colegio en seis meses.

4.- ¿Anécdotas?

Estaba celebrando con aproximadamente 120  jóvenes del colegio, la Santa Misa en la iglesia “María Auxiliadora” de Guayaquil, y se me venía a la mente las fiestas de la Virgen que se celebran cada 24 de mayo, me distraje y en el momento de orar la oración que Jesús nos enseñó, comencé a rezar el Ave María. Esa fue una de mis distracciones que al recordarla me sacan algunas sonrisas.

La enseñanza de vida que me ha dejado este ministerio, en primer lugar he sido fiel a mi vocación, he luchado cada día y puedo decir con alegría que es total mi fidelidad al sacerdocio, en segundo lugar el dejarme guiar por las personas porque estoy seguro que al llegar al sacerdocio es la gente la que te hace sacerdote, en mi caso fueron los jóvenes que me fueron moldeando, es tener esa capacidad de saber escuchar a la gente.

6.- Un mensaje personal que nos quiera dejar por sus 28 años de vida sacerdotal

Vivamos con alegría la vocación a la que estamos llamados, ya sea matrimonial, religiosa o sacerdotal  “la vocación es el llamado de Dios”. Es a través de la vivencia alegre en nuestra vocación en la que estemos llamados que debemos ser santos y tener el voto de fidelidad.

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