DIÓCESIS DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LOJA MENSAJE DEL OBISPO DE LOJA

A LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS, MOVIMIENTOS LAICALES Y FIELES EN GENERAL

"AL TERMINAR EL AÑO DE LA MISERICORDIA" - Santuario de Nuestra Señora del Cisne

El día de ayer, domingo 13 de noviembre, en todas las diócesis del mundo se clausuró el Año de la Misericordia y en Roma el Papa Francisco lo hará el próximo domingo 20 de noviembre, Festividad de Jesucristo Rey del Universo. El 8 de diciembre del año anterior, llamados por Francisco, comenzamos a recorrer el camino de la Misericordia de una forma especial. Se abrió la Puerta de la Misericordia en la Iglesia Catedral y en el Santuario de El Cisne. Muchos gestos, símbolos, jubileos y mensajes se han dado. Muchos fieles han traspasado la Puerta de la Misericordia buscando el perdón. Han llegado con verdadera conversión de corazón y se han llenado de la Gracia de Dios en sus vidas. Al finalizar este Año podemos hacernos la pregunta: ¿Qué nos deja el Año de la Misericordia? Me atrevo a señalar algunos puntos, que creo yo, nos deja a todos este Año de Gracia vivido y lo hago con pensamientos del mismo Papa Francisco. Veamos esos puntos: 1. En primer lugar, nos deja la conciencia de un Dios que es Padre Misericordioso. Un Dios que nos ama, espera de nosotros y nos perdona: “El rostro de Dios es el de un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia… Ésa es su misericordia. Siempre tiene paciencia con nosotros, nos comprende, nos espera, no se cansa de perdonamos si sabemos volver a Él con el corazón contrito”. Esta conciencia nos lleva a ver con ojos diferentes a Dios nuestro Padre y nos conduce a ser portadores de la Misericordia a los demás. 2. En segundo lugar, este Año nos ha enseñado a acoger la IVIisericordia como un gran don o regalo de Dios en nuestras vidas. Ello lo hacemos cuando abrimos nuestro corazón a Él: “¿Tengo un corazón abierto o cerrado? ¿Abierto o cerrado al prójimo? Tenemos siempre en nosotros alguna cerrazón nacida del pecado, nacida de los errores: ¡no tengamos miedo!… Abrámonos a la luz del Señor, Él siempre nos espera”. Con la vivencia de este Año, no debemos tener miedo, debemos abrir el corazón al amor misericordioso de Dios y nuestras manos deben ser portadoras de misericordia a los demás, de manera especial a los que sufren en propia carne la injusticia de este mundo. 3. En tercer lugar, hemos sido invitados a cultivar la Misericordia. Hemos tratado de sembraria en nuestro corazón, de haceria vida en nosotros. Y esta semilla da fruto cuando nos acercamos con corazón misericordioso hacia nuestros hermanos: “Misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. IVIisericordia es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado”. Hay que crecer en Misericordia y ello lo lograremos cuando la hagamos vida a través de la práctica de las “Obras de Misericordia”, tanto corporales como espirituales, solamente así podremos transformarnos en “testigos de Jesús resucitado. Y su testimonio es mucho más creíble cuando más transparenta un modo de vivir evangélico, gozoso, valiente, humilde, pacífico, misericordioso ” 4. Este año hemos buscado vivir una verdadera conversión de corazón: “El reconocernos pecadores nos permite acoger su misericordia; esto es lo que hace crecer la Iglesia, no nuestros méritos, sino la experiencia cotidiana del amor de Dios.” No debemos nunca olvidar “que Dios perdona todo y que Dios perdona siempre. No nos cansemos nosotros de pedir perdón”. 5. Y finalmente, este Año nos lleva a anunciar la Misericordia: “La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzara la mente y el corazón de cada persona”. Y anunciar esta Misericordia desde el amor de Cristo: “La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo. De este amor, que llega hasta el perdón y al don de sí, la Iglesia se hace sierva y mediadora ante los hombres. Por tanto, donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre. En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia”. Teniendo presente estas cinco enseñanzas que he señalado, me atrevo a afirmar que si bien clausuramos un año, la Misericordia no se clausura, sino que se vivirá con mayor profundidad de aquí en adelante. No dejemos que se “empolve” nuestro corazón misericordioso, sino que hagamos que lata con mayor profundidad, porque Dios está en él y con Él responderemos al dolor del hermano que pasa por nuestra vida. Hoy más que nunca reafirmo las líneas pastorales de la Diócesis de Loja: “Seamos una Iglesia en salida, con actitudes de ternura y cercanía y con corazón misericordioso”, para hacer así presente al Dios de la Vida en medio de nosotros.

Que María, Madre de Misericordia, los bendiga y cobije bajo su manto.

+ Mons. Alfredo José Espinoza Mateus, sdb

XI Obispo de Loja

Loja, 14 de noviembre de 2016

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