El Cisne

EL CISNEEl Cisne es el lugar escogido por la Madre de Dios, para dar muestras a la humanidad del infinito amor y bondad del Padre Celestial. Es Ella el instrumento de protección y evangelización de poblados desprotegidos de bienes materiales, pero con un inmenso espíritu de superación y que de una u otra manera han sufrido la crueldad del poder humano.

 

“La aldea de El Cisne, (…) fundada sobre el vértice del monte de su nombre fue, des de remotos tiempos, asiento de familias indianas, descendientes de la antigua tribu de los Paltas. Los primeros pobladores, a no dudarlo, fueron procedentes del valle de Chucumbamba (hoy Chuquiribamba), a cuya jurisdicción perteneció El Cisne en un periodo de dos y media centurias. El carácter, usos, costumbres y rasgos o notas fisiológicas, son abundantes y fundamentales para establecer la unidad de origen entre los habitantes de los dos pueblos. Los Cisneños fijaron probablemente su residencia en aquel sitio, hacia los años de 1560, o sea doce años después de la segunda y definitiva fundación de la ciudad de Loja.

 

 La parroquia de El Cisne está ubicada a 74Km. de la ciudad de Loja, a 35 Km. de la ciudad de Catamayo y a 27 Km. de la parroquia de San Pedro de la Bendita. A una altura de 2440 mts. Sobre el nivel del mar, con una temperatura de siete a diez grados centígrados. Cuenta con vías de acceso como: Loja-El Cisne, Gualel-El Cisne y Salati-El Cisne. Durante el coloniaje, los territorios de El Cisne fueron parte integral de la provincia de Ambocas, a la cual pertenecían también los pueblos de San Lucas, Santiago y Chuquiribamba. Las tierras que se señalaron al principio a la comunidad de El Cisne, fueron más extensas, en proporción de las que se concedieron ordinariamente a otros pueblos, al igual habitados por familias de indios. Porque aun cuando, de conformidad con las Leyes de Indias, no se debía adjudicar a los naturales de cada asiento sin la propiedad de una legua en contorno de poblado, sin embargo, por excepción, y a causa de ser El Cisne tan lleno de barrancos y despeñaderos, se le aplicaron algunas leguas a la redonda, según provisiones de la real Audiencia de Quito, y varias ordenanzas confirmatorias de los Corregidores de Loja. De este modo, los indios que vivían en su totalidad consagrados a las faenas y labranzas de los campos, tuvieron en las sierras y montañas dilatados terrenos para cría y pastoreo de sus ganados, y en lo bajo algunas sabanas de temple ardiente, donde cultivar con ventaja la caña de azúcar, plátanos, naranjos y otras especies